Todo comienza en el norte. En 1991, en el desierto más árido del mundo, un ingeniero llamado Jaime Navarrete Yáñez decidió apostar por su propia visión. No lo hizo desde la comodidad ni desde la certeza: lo hizo desde la convicción de quien conoce su oficio mejor que nadie y confía en que eso es suficiente para comenzar.
Así nació “Jaime Navarrete Yáñez Servicios Mineros Integrales (JNYSMI)”. Sus primeros pasos fueron en las entrañas de Codelco División Chuquicamata, donde la empresa tomó a su cargo una de las tareas más exigentes de la gran minería: la limpieza de acreciones y el aseo industrial especializado de los equipos de fusión de la Fundición de Concentrado. Era trabajo duro, técnico y de alta responsabilidad. El tipo de trabajo que no perdona errores y que, bien hecho, construye reputaciones.
Esa reputación fue el activo más valioso de los años siguientes.
Con cada contrato cumplido, el horizonte se fue ampliando. En 1994, la empresa incorporó el arriendo de maquinaria para minería y construcción, sumando una nueva línea de negocio a su portafolio. Pero el salto más determinante llegaría en 2001, cuando JNYSMI se adjudicó su primer contrato de perforación: una nueva disciplina, un nuevo desafío. Ese mismo año, con la claridad estratégica de quien sabe que en la minería la confiabilidad lo es todo, estableció una alianza con Atlas Copco, orientada a alcanzar los máximos niveles de productividad en sus perforadoras ROC-L8. No era solo un acuerdo comercial. Era el inicio de una sociedad que definiría el rumbo de la empresa por décadas hasta el presente.
Durante casi veinte años, JNYSMI creció, aprendió y acumuló experiencia. En 2008 llegó otro hito silencioso pero profundo: la empresa completó la primera reconstrucción y upgrade de una perforadora ROC-L8. Ese logro no fue solo técnico. Fue el nacimiento de una nueva capacidad interna —la jefatura de máquinas y equipos— que con el tiempo se convertiría en uno de los pilares más diferenciadores de la organización.
Entonces llegó el momento de la transformación.
El 19 de marzo de 2010, en la ciudad de Antofagasta, Jaime Navarrete Yáñez cerró un ciclo para abrir otro más grande. La sociedad por acciones “Rocmin Servicios Mineros SpA” fue constituida ese día con un propósito claro: especializarse en la perforación de menor diámetro y en el mantenimiento integral de equipos de superficie, y hacerlo con la profundidad técnica que solo dan dos décadas de experiencia acumulada. ROCMIN no era un nuevo comienzo desde cero. Era la destilación de todo lo aprendido.
Los primeros años bajo el nuevo nombre fueron años de consolidación y de identidad. En 2013, la empresa eliminó de su imagen la referencia a su predecesora. No era un gesto de olvido, sino de madurez: ROCMIN estaba lista para sostenerse con nombre propio.
Y vaya que lo hizo.
En 2015, al sumar la perforadora número 40 a su flota, ROCMIN se convirtió en la empresa de servicios con la mayor cantidad de equipos Atlas Copco ROC-L8 a nivel mundial. Un récord que, en cualquier industria, merece detenerse a considerar. En 2018, la incorporación de las perforadoras SmartROC-D65 marcó el ingreso de la empresa a una nueva era tecnológica, elevando su flota a 48 máquinas de precorte. En la entrega participó el propio presidente de la División “Surface and Exploration Drilling” de Epiroc: Brian Doffing. El gesto no era protocolar. Era el reconocimiento de un socio que ha visto crecer a otro durante 17 años.
Pero ROCMIN no solo ha crecido en máquinas. Ha crecido en pensamiento.
En 2017, la empresa completó la reconstrucción de perforadoras ROC-L8 MK2 llevándolas a prestaciones equivalentes a los nuevos FlexiROC-D65: un logro de ingeniería interna que pocos en la industria pueden igualar. En 2020, frente a la creciente demanda por mayor seguridad en las operaciones de precorte —actividad que se desarrolla en la línea más expuesta a caídas de material—, ROCMIN fue pionera en incorporar perforación con equipos telecomandados, avanzando hacia la operación *full-remote* desde salas de control.
Hoy, ROCMIN opera desde su sede en el Parque Industrial Valle Grande, en Lampa, con más de treinta perforadoras activas y una dotación que supera las doscientas personas. Ha trabajado junto a compañías mineras mid- y top-tier, firmas de consultoría de primer nivel, y proyectos de ingeniería civil y del sector energético a lo largo de Chile.
Lo que comenzó como la apuesta solitaria de un profesional convencido de su oficio, es hoy una empresa de referencia continental. Una historia que no se construyó de golpe, sino perforación a perforación, contrato a contrato, reconstrucción a reconstrucción.
Como el desierto que la vio nacer, ROCMIN sabe que la dureza del entorno no es un obstáculo. Es la condición que forma a los mejores.
